lunes, 19 de mayo de 2014

Tulipanes


Lamento mucho el silencio que he creado, pero en las últimas semanas me he dedicado a disfrutar de la primavera. ¡La esperé con tanta ansia por mucho tiempo, que ahora me tiro en el pasto por largas horas a oler la vida.


Cuando comenzamos a caminar fue como un regalo, después de tantos días de encierro, es un placer salir a correr, ladrar y a oler de nuevo los mensajes de nuestros viejos amigos. Es grato saber que el crudo invierno no hizo daño a nadie y que todos seguimos luchando por seguir disfrutando de nuestras experiencias.

Cada día es una nueva oportunidad de seguir al lado de mis papás y de Champy. Me miden la glucosa después de  cada comida, me inyectan insulina y a ellos se agrega la administración de fluidos, que han hecho buen mantenimiento de mi riñón. Hasta ahora no he tenido que ir al doctor, quien básicamente dijo que no hay nada que hacer por mi.

A todo ello se agregan una buena dosis de zanahorias, galletas, ratos de gozo en el jardín, mientras mamá cuida de las flores, paseos a horas de la tarde y muchos masajes de pancita que arreglan cualquier malestar que pueda atravesarse.

Después de las primeras flores que se asomaron tímidas, la primavera pintó de colores los jardines gracias a los tulipanes. En casa los tulipanes matizaron de rojo y contrastaron con el verde del pasto. Papá los compró en el otoño y nosotros les plantamos. La bolsa decía que eran enormes, pero no lo creímos y nos ilusionó ver solo algunos durante la primavera.

Así que la sorpresa fue enorme cuando todos brotaron, rojo en los jardines del frente y matizados en los jardines de atrás. Los vecinos pasaban felices a admirar nuestros tulipanes y a felicitarnos por todo el trabajo puesto en hacerlos crecer.

No faltaron las fotos y los paseos fotográficos que mamá y Champy emprenden cuando la luz es como a ella le gusta. A veces los acompaño en viajes de reconocimiento para elegir los lugares perfectos que le muestren al mundo la belleza de nuestro pedacito de espacio, pues queremos contagiar el gusto de vivir.

Gracias a todos los que preguntar periódicamente por mi salud. Estoy bien, aguantando todos los agujazos y poniendo buena cara a todo, mi mayor regalo es salir a cuidar las flores sentada en el pasto… a cambio de eso, ¡hasta me termino todos mis alimentos con gusto!

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