martes, 1 de noviembre de 2011

Benny

Benny no tiene la culpa por haber nacido siendo un gato, y del mismo modo, nadie me preguntó si quería ser un perro, simplemente nací siendo una Bubu.  Así que cuando mamá me contó que tenía un hermano, no vi problema que fuera un… gato, uno más grande y pesado que yo y que además no hablara mi idioma.

Solía ver fotos de él, pensaba que nos llevaríamos bien, finalmente somos hermanos; pero cuando llegué a casa por primera vez, después de la emoción de abrazar a papá, me encontré con Benny en la escalera y su forma de decir ¡Hola Bubu bienvenida a casa! fue firme y clara: me dio una bofetada y luego corrió a esconderse, no supe como reaccionar, pero finalmente estábamos juntos.

Mamá y papá se preocupaban de que pudiera atacarme, pero entonces yo comencé a poner fronteras. Corrí tras de él una vez en que nadie me miraba, pero no era para atacarlo, era para darle un abrazo… solo que la barrera del lenguaje siempre es una limitación.

A veces él corría detrás de mí, a veces yo ladraba para asustarlo. Era divertido verlo brincar, me gustaba esconderme y brincar frente a él en el momento preciso.

Pero poco a poco nos fuimos comprendiendo, comenzamos con breves encuentros en la cocina, incluso a veces podemos compartir la cama de nuestros papis. Y ni que decir, que cuando nos mudamos de casa,  por que entonces todos debemos portarnos bien y cuidarnos, por lo que nos aseguramos  de que todos estamos en el auto cuando éste comienza a moverse, y hay que estar seguros de que nuestros juguetes y camitas viajan con nosotros.

Ya hemos aprendido a querernos, finalmente compartimos muchas cosas, por ejemplo, disfrutamos el tiempo y cuidados de papá y mamá; tenemos al mismo veterinario; ambos tenemos que lidiar con las agujas, a él le inyectan agua en la espalda por que él está enfermo de los riñones. He visto a papá hablando con nuestro doctor, Benny sufre de una degeneración renal que a la larga le va a alejar de nosotros.


Pero la vida está hecha de momentos, así que disfrutamos al máximo cuando Benny nos acompaña a mirar por la ventana,  cuidamos que las ardillas no se coman el alimento de los pájaros, o nos acercamos a la cocina y olemos con deleite cuando mamá cocina pescado.

Somos distintos, pero es la misma diferencia con la que mamá y papá viven todos los días. Esas diferencias que mexicanizan a las hamburguesas y agringan a las enchiladas. Lo importante no son las diferencias, sino que podemos compartir las cosas más simples. Al final del día, es agradable tener compañía en los momentos de alegría, como cuando están a punto de ganar nuestro equipo favorito un partido, o cuando estamos esperando a que la cena esté lista. Y ni que decir cuando mamá regresa a casa después de viajes largos. Todos somos uno.

Las diferencias son solo una etiqueta que las personas inventan por miedo a lo desconocido. Creo que es verdad lo que una mujer hindú le dijo a mamá mientras cuidaba de nuestro jardín: “si cuidas de las rosas ellas jamás te harán daño”. Eso aplica a todos. Aceptar las diferencias permite disfrutar las coincidencias. Después de todo, algo nos hizo ocupar el mismo espacio y tiempo y quizá sea para aprender algo nuevo. ¡Uno nunca sabe!.

 Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco del trabajo de mamá en: http://www.almadzib.com
Para la versión en español, da click en la parte superior derecha

3 comentarios:

Elena88C. dijo...

Excelente historia para reflexionar... y para enseñar a los niños a aceptar las diferencias de los demás, a convivir,a compartir lo que nos es común: este maravilloso mundo, nuestras emociones, el aire, la vida, el sol... simplemente a disfrutar y cuidar la naturaleza... en fin a tantas cosas...

Alma Dzib Goodin dijo...

Muchas gracias por compartir tus ideas cuando lees a Bubu. Su intención es enseñar a niños y adultos que lo importante no es lo que somos, sino lo que podemos llegar a ser:)

Karla Carmona dijo...

La infinita simpleza de la vida vista con unos ojos de artista. !Gracias Bubu!

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