martes, 15 de noviembre de 2011

Champ

Champ es mi otro hermano, es un lhasa apso y aunque suena a marca elegante de auto caro, solo puedo decir que es mi compañero de juegos y quien limpia mi plato cuando decido no comer y avisa a mamá y papá cuando necesito algo.

Sé que me extraña cuando no estoy cerca de él, nos separamos solo en situaciones  particulares, pero deja claro que le hago falta como hermana. Las circuntancias nos unieron cuando él necesitaba un hogar y yo un hermano.

No es que Benny no fuera suficiente, pero es claro que Benny no va a jugar conmigo. Tampoco es que él no me quiera, es solo que tenemos gustos distintos. A él le gusta el atún y yo creo que no hay forma de que algo asi compita con el sabor del pollo. Pero creo que a veces Dios permite que tengamos hermanos a la medida y los pone en nuestras casas para hacernos saber que no estamos solos. Asi es como Champ y yo nos conocimos.

Hacía solo algunas semanas que había llegado a los Estados Unidos, y ya tenía una operación que puso mi riñón en algún contenedor de basura y a mi bajo medicamentos. Caminar no era lo más divertido asi que papá y mamá pensaron que necesitaba compañía para levantarme el ánimo.

Un día me llevaron a una tienda de mascotas, donde saltaban desde sus vitrinas toda clase de bolas peludas. Me dejaron interactuar con algunos, pero… no tardaron mucho en hartarme y mamá se preocupó que pudiera atacar a alguno. Además mamá comenzó a pensar que ya era bastante con tener que atenderme como para comenzar a enseñar a un cachorro que solo sabía morder los pies y hacer pipí.

Las personas les sugirieron a mamá y papá que adoptaran un perro adulto y nos dieron la dirección de un centro de adopción. Vimos a una perra delgada, a quien asusté. Yo sé que no se ven Bubus todos los días pero era tan asustadiza que decidimos que no era necesario causarle más tensión. Los encargados del centro nos dijeron que tenían a la mascota perfecta, dijeron que era un perro macho, que venía de otro estado pues había estado esperando ser adoptado desde hacía más de 4 meses, que era dulce y muy inteligente, pero que tendríamos que conducir hasta otro centro de adopción.

Papá enfiló en auto a la dirección que le proporcionaron y en el GPS se veía lejos, pero al fin y al cabo no habíamos terminado de conocer la ciudad.

Cuando el GPS dijo que habiamos llegado, todos bajamos del auto y entramos a la tienda de mascotas. Solo que a mamá y a mi nos detuvo una señora que no podía dejar de admirarme. Tuve ganas de decirle: lo siento, tengo prisa de conocer a mi hermano, pero mamá dice que siempre debemos ser amables. Cuando encontramos a papá, él estaba en el suelo con Champ, ¡estaban fundidos en un abrazo!. A la fecha no sabemos si nosotros lo adoptamos o si Champ decidió que valía la pena hacernos felices a todos. Cuando me miró, me olió para conocerme, pero no hizo preguntas, no me atormentó con historias ni pidió mi teléfono, solo me dejó mirarlo, y entonces pensé… creo que puede funcionar.

Las personas que nos lo dieron en adopción le pidieron a papá que llenara papeles, y le pusieron a Champ un micro chip. A partir de que se cruzaron nuestras narices, nos hicimos amigos. Pero dude un poco cuando papá lo subió al coche. Ya en un entorno más privado lo vi bien. Debía tener algún color pero era difícil diferenciarlo y olía a… ¡mejor dicho apestaba!. Todos bajamos las ventanas para poder respirar.

Cuando llegamos a casa mamá se encerró con él, se tardó mucho intentando encontrar a un perro debajo de toda la mugre, su pelo estaba hecho nudos, le faltaban dientes y tenía las uñas largas y rotas. Pero debajo de todo eso, encontramos a un perro dulce que jamás nos atacaría, ni siquiera a Benny. Un amigo fiel dispuesto a protegernos, un caminador incansable, y un orinador dispuesto a regar las plantas del mundo entero. Encontramos a mi mejor amigo en paquete de hermano.

Ese día mamá se lo presentó a mi abuelita en México. Es tradición que ella nombre a todos, asi que lo miró por un instante, afortunadamente ya esta limpio, y después de una breve pausa dijo: tiene cara de campeón. Y papá dijo: ¡que se llamé Champ!. Y ese es su nombre con el que todos lo reconocen. Champy, champiñon.

Conforme corrieron los días descubrimos muchas facetas de Champ, por ejemplo: cuando no quiero mi comida él limpia mi plato de manera discreta, comparte mi gusto por las zanahorias y también está siempre dispuesto a ayudarle a Benny con su comida. Le gustan que lo acaricien y caminar, siempre está dispuesto a ir a caminar. Aunque es muy asustadizo.

Todos creemos que fue maltratado cuando vivío en otra casa y hasta hemos llegado a pensar que estuvo en la calle un tiempo. Tal vez por ello odia la nieve y la lluvia y que le pongan sueter. Pero aún en esas condiciones, sale con nosotros, siempre listo para cuidarnos.

Y es que la gente compra cachorros pensando que son lindas criaturas hasta que orinan la sala, destruyen los muebles o se comen los zapatos y entonces los echan a la calle. Pero somos más que eso. Somos una responsabilidad y una enorme bolsa llena de alegría y buenos ratos.

Si le hubiera pedido a Dios un hermano, mi carta diría: Quiero un hermano que espere hasta que yo decido que ya no quiero más comida antes de darse la oportunidad de limpiar mi plato y que guarde el secreto para que mis papis crean que me comí todo. Que me cuide hasta cuando mamá me lleva a la regadera a bañarme y se asegure que todo está bien conmigo. Que esté dispuesto a ayudar a mis papis cuando no quiero comer, que me acompañe a caminar sin importar el clima. Que me de una mirada de apoyo cuando tengo que ir al doctor o cuando me inyectan o me dan medicina.  Que juegue conmigo, que cuide a mis papis y a Benny. Que tenga sonrisa pícara y que sea de color clarito como yo. Que ame que lo peinen. Que le gusten las zanahorias y que siempre esté dispuesto a brincar sobre papá cuando se sienta a ver la tele y además que se llame Champ… Creo que Dios leyó mi mente por que me dio todo lo que yo necesitaba.

Champ es mis oidos, mis ojos cuando la oscuridad nubla mi mirada, mi compañero en las interminables horas de soledad. No le importa que yo sea diferente a él. Que a veces no pueda caminar tan rápido como él… ¡Champ es mi hermano!. El mejor que pude encontrar en una tienda de mascotas.

 Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco del trabajo de mamá en: http://www.almadzib.com
Para la versión en español, da click en la parte superior derecha

2 comentarios:

Adriana dijo...

Gracias por dibujar la vida de un modo tan lindo.
Soy tu fan Bubu!

Daniela San Román dijo...

La vida vista desde los ojos de Bubu me hace recordar que siempre hay algo por que darle gracias a la vida. Muchas Gracias Bubu

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