martes, 23 de agosto de 2011

Mi primera aventura

A los pocos días de haber llegado a casa, mientras tomaba el sol  de un bello día de marzo, por un rato mire un hueco pequeño bajo la puerta,  intentando medir si cabría por ahí y finalmente lo probé, simplemente me deslice por el hueco y cuando me di cuenta, estaba fuera de la casa, sin que nadie se diera cuenta.

Antes de que me diera cuenta alguien pasó por ahí y yo le seguí unos pasitos, resultó ser mi vecino, y me dejó entrar a su casa, ahí estaba Pancho un chihuahua que no dejaba de mirarme y hacer muecas, más pequeño que yo, café con una mancha blanca en el morro. Me acerqué a él para que me dijera como volver a casa, pero  una vez en la habitación, ya no supe como salir. Pensé que Pancho llamaría a mi mamá y le diría donde estaba y que me podía esperar para cenar… pero nadie tomó el teléfono.

Mientras tanto, mamá comenzó a buscarme, preguntó tranquilamente por mi, hasta que me buscó por todos los lugares posibles de la casa, salió a buscarme a la calle… fue entonces que comenzó a llorar.

Abuelita le dijo que rapidamente hiciera un letrero de se busca, mamá escribió mis señas particulares: perrita maltes blanca, con una oreja negra, sorda, no apta para estar con niños, requiere atención médica constante…

Entre ella y mi tío pegaron los letreros en los lugares públicos, y dos horas después, el papá de Pancho tomó el teléfono y se comunicó con mamá, diciendole dónde estaba y que estaba bien.

Cuando se abrió la puerta y vi a mamá, ¡todo mi cuerpo se movía al ritmo de mi cola!, ¡mamá me había encontrado!, ella fue muy inteligente en anotar que no era apta para estar con niños, y es verdad, no me gustan por que no puedo predecir que van a hacer, además soy tan pequeña que creen que soy un juguete… por si fuera poco aún requería algunas vacunas… no sé que pensaron los papás de Pancho, al ver llorando a mi mamá, quizá era mucha responsabilidad tener una bubu en casa…

Me despedí de Pancho y le prometí que un día iría a jugar con él, pero nunca sucedió. Lo vimos una o dos veces caminando por la calle, él caminaba sin correa y yo siempre al lado de mamá, bien sujeta para que no me perdiera de nuevo.

Pero aún después de eso, emprendí varias carreras cuesta abajo de la calle. Aprendí que mamá siempre iría detrás de mí asi que la hacia correr, mientras  ella gritaba freneticamente, y al doblar la esquina la esperaba, me gustaba verla, ¡creyendo que me había alcanzado!.  La diversión duró hasta que ella se dio cuenta del truco  y fingia ignorarme, hasta que yo volteaba y me daba cuenta que estaba sola y expuesta a volver a casa de Pancho…

Hace tiempo que no corro sin mi correa… después de todo… ¿quién quiere ir a la casa de Pancho?, su mamá no le cocina pollo con arroz… y ¡no conocen las zanahorias!.

 Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco más del trabajo de mamá en: http://www.almadzib.com
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