lunes, 22 de agosto de 2011

Conociendo mis capacidades


Mamá había tenido otros cachorros en casa, sabía que sin importar si es un perro, un conejo, un gato o un humano, los bebés requieren de adaptación ambiental, por lo que se nos observa constantemente para ajustar los estímulos que permitan la mejor interacción con el medio.

Una tarde mamá estaba lista para cocinar, asi que llevó mi cuna a la cocina, cuando se dispuso a usar la licuadora, la encendió pensando que me asustaría, pero no fue así, mamá la encendió de nuevo creyendo que quizá el ruido no había sido lo suficientemente fuerte, pero no reaccioné… comenzó a sospechar que era sorda, asi que usando su conocimiento en neurodesarrollo, me hizó varias pruebas para conocer mi nivel de audición. 

Al día siguiente me llevó al veterinario. Era un hombre joven, moreno, que parecía estar molesto, pero me trató con cuidado. Mamá le pidió que me revisara y comenzara el protocolo de vacunas. Mientras él me estrujaba y tomaba la temperatura, mamá le dijo como sin querer que sospechaba que era sorda, y añadió un comentario a la frase: “como si eso es posible en un perro”.

El veterinario la miró y le dijo que 1 de cada 3000 perros son sordos de nacimiento, y que usualmente no vivían mucho.

Él prosiguió mi revisión y mamá le preguntó por que los perros sordos no vivían mucho. Las causas no se relacionan directamente con la sordera, sino por la probabilidad de accidentes. Le explicó que al no poder oir, estos perros o gatos salen a la calle y terminan atropellados pues no son capaces de predecir el peligro, por lo que la esperanza de vida no rebasa el año.

Mamá no dijo mucho más, agendó mis vacunas y me llevó a casa. Le comentó a abuelita lo que el veterinario le dijo, y acordaron que me enseñarían a caminar con correa y que la única forma en que yo podría salir a la calle era si alguien me llevaba a su lado.

Dias después mamá me llevó a una clínica de humanos y me hicieron una prueba llamada BAER, el especialista le dijó a mamá que podía oir sonidos graves, pero que era medicamente sorda.

Cuando volvimos a casa, mamá me dio de comer y luego me abrazó, me dijo que no importaba lo que era, sino lo que sería capaz de hacer. Esa tarde me llevó a comprar mi correa, era delgada de piel con patitas por todo lo largo. Mi collar era el más pequeño que había en la tienda… 

Asi inició el aprendizaje… con mamá explicándome cómo caminar y aprendí muy pronto: jamás debía salir a la calle sola, no podia correr más allá de la extención de mi cinta y no debía cruzar la calle sin mirar dos veces.

Además de mi correa, mi relación con el mundo se la debo a que nunca me discriminaron ni me trataron de manera especial, soy sorda, pero antes que sorda soy Bubu y adopté mi lugar en el mundo, y la gente me reconoce por mi oreja negra y mi apariencia de cachorro… ¡esa soy yo!.

 Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco más del trabajo de mamá en: http://www.almadzib.com
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