miércoles, 18 de marzo de 2015

Contratos de vida


Hace tres días cumplí oficialmente 14 años y 6 meses.  ¡Un gran logro para una Bubu!

Recuerdo el día que mamá me recibió en sus brazos, cuando la olí por primera vez.

Me entregaron a ella con un pedacito de cobija, y ella me recibió sin promesas. Ninguna de las dos prometió que nos cuidaríamos por siempre. No firmamos un contrato, ni delimitamos nuestras obligaciones.

No juré amarla por siempre o dije que no la mordería. Ella no dijo que me prepararía mi comida o limpiaría mi trasero. No tenemos un documento firmado, solo nos cuidamos  y nos damos un amor que sólo algunos pueden comprender.

Si me hubieran dicho que me usaría como ratón de laboratorio para sus ideas, seguro habría dicho: “no gracias, a Bubu eso no le gusta”; igual que si le hubieran dicho a mamá que tendría que limpiar mis desechos, sin duda habría preferido comprar un libro.

Quienes nos quieren como somos, los demuestran, como Champy que me ha cuidado desde que nos conocimos. ¡Sólo me ha mordido una vez!, pero no lo hizo por maldad, sino porque quise probar su desayuno.

O bien mis abuelitas me quieren por lo que soy y no por lo que pude ser. Ellas no ven mi ceguera o mi sordera, solo ven a Bubu y se alegran por que sigo aquí, celebrando cada día como si fuera el último, como he vivido siempre.

Cuando no comprenden eso, es fácil buscar soluciones fáciles. Por ejemplo, hace unos días mi doctora le dijo a mamá que cualquier día que ella decidiera estaría bien para ponerme a dormir. Todos estaban asustados, pues mi pancita me dolía mucho.  Le dijeron a mamá que no había más nada que hacer, que mi riñón ya no se puede arreglar.

Es por ello que he platicado mucho con mamá, porque he visto como repara mis juguetes, y le pregunto si no puede cocer mi riñón, quizá con un poco de hilo resistente, un poco de pegamento y un beso como hizo con Vaca o Rey León… pero mami dice que no es posible hacer eso conmigo.

Así que disfrutamos cada segundo. Como siempre lo hemos hecho. Sin contratos ni promesas.

Creo que somos como las flores de primavera, las cuales ¡ya han brotado para saludarme!, lo han hecho cada año, solo porque parece divertido engalanar nuestro jardín.

Asi que hemos vuelto a caminar y a sentir el solecito sobre mi pancita mientras cuidamos del jardín. La aventura de la vida abre su paso y espero poder tomarme una foto rodeada de tulipanes, porque trabajamos duro durante el Otoño ¡para verlos sonreír durante la primavera!

Si me preguntan que es el amor, diría que el amor es la sonrisa que damos cada mañana, bañada de besos que compramos mientras soñamos con las personas que queremos y que nos quieren. El amor es la fuerza que cura todas las enfermedades, igual que lo hace una aguja y un hilo, solo que cuando nos rompemos, ese amor nos mantiene en la memoria de quienes algún día nos conocieron.

Le he pedido a mamá que no llore por mi cuando me marche, pero dice que nunca hemos hecho promesas y no vamos a comenzar a  estropear todo con ello…

Solo espero que el día que me marche, todos me recuerden con una sonrisa, porque mi último soplo de vida lo voy a dedicar a todos quienes me conocieron, no es una promesa, ni un contrato… es mi deseo de vida.

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