jueves, 18 de julio de 2013

La historia de una vida color café con leche


Cuando llegué a casa de mamá por primera vez, conocí a Dana. Ella era una gata de pocas pulgas, que solía peinarnos cuando estaba de mal humor, lo cual era muy seguido, pero con mi abuelita, tíos y mamá siempre fue una gatita dulce.

No sé exactamente cómo y cuándo llegó Dana a la casa, mi abuelita dice que eso fue muchos años antes de que yo naciera, ella ya tenía varios años siendo no solo parte del panorama sino de las vidas de todos cuando yo llegué, y no tardó mucho en darme la bienvenida, pero la verdad supimos que éramos parte de una familia especial.

Mi tío era su mejor amigo, era esa relación como de marido y mujer, donde a veces ella se enojaba, pero por la noche siempre dormían juntos. Si él no estaba en casa, entonces ella dormía con alguien más.  Le gustaba dormir bajo las cobijas y que la acariciaran mientras ella prendía su ron-ron.

No sé cómo describir a Dana, pero lo que puedo decir es que tenía dos hermosos ojos azules, de un color profundo como el Lago Superior. Su vestido era blanco, pero un día jugando tiro el café de la mesa y los colores se mezclaron, haciendo un lienzo entre blanco, café y café con leche que limpiaba constantemente con su lengua rasposa.

Sus manitas eran de un rosa muy clarito, si estaba de buenas te acariciaba, pero si se molestaba por algo, no dudaba en usar sus garras y dejar un autógrafo sobre tu piel, además tenía un ron-ron fuerte para dejarnos saber que estaba contenta.

Solía patrullar entre todos nosotros asegurándose que nos portáramos bien.  Dana era esa amiga que sabes que siempre estará ahí para mostrarte el mundo, y hacerte saber que no haz hecho algo bien, de ahí se ganó el mote de Dana la malvada.

El día que mamá y yo nos mudamos a los Estados Unidos me despedí de ella, la veía a veces cuando tenemos video conferencias con abuelita y en ocasiones mi tío nos enviaba fotos de ella. No sabemos cuantos años tenía pero es seguro que más de 20 años, todos llenos de amor y cuidados.

El lunes Dana se fue a dormir como cada noche pero ya no despertó. Decidió perderse uno de sus sueños, seguramente uno muy lindo, en el cual sin duda está contenta, jugando como siempre.

Ella dejó huella en todos nosotros, siempre ahí, siempre Dana… dice mamá que no duele la ausencia, sino que se extraña la presencia de quienes se van antes que nosotros.

Danita, donde sea que estés, siempre serás nuestra amiga, ¡gracias por compartir tu vida conmigo!.

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