miércoles, 19 de octubre de 2011

Seis grado de separación

Alguien le preguntó a mamá qué es la vida. Ella respondió lo que un día escribió John Lennon: “la vida es lo que ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes”.

Así que mi vida ha transcurrido entre caminatas, esperas, doctores y encuentros. Uno de esos encuentros fue el que tuve con mi papá. Él aterrizó en mi vida… será que debo decir que yo aterricé en su vida… Creo que el necesitaba una Bubu para aprender a ver la vida desde una zanahoria.

Todo comenzó con un encuentro extraño entre mamá y papá aún antes de que yo naciera. Creo que fue un  escritor húngaro que se llamaba Frigyes Karinthy quien en un cuento llamado Chains, sugirió una teoría que se conoce como los seis grados de separación, que intenta probar que cualquiera en el planeta puede estar conectado a cualquier otra persona a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces).

Sin embargo, a veces las personas se conectan de manera misteriosa, y mis papás son un buen ejemplo. Mamá vivía en México y daba clases de psicología, papá vivía en los Estados Unidos y hacía trabajo multimedia. Nadie los presentó, pero todo ocurrió por  error y un click,  la vida los unió para siempre.

 Yo veía a mamá hablando a su pantalla todos los días. Mamá hablaba raro, por que él no habla como nosotras. Él la hacía reír mucho. Hablaban de todo y de nada, mamá es feliz cuando habla de él. Un día comenzó a decirme que algún día lo conocería, y ese día llegó…

Mamá me bañó y me peinó, solo por ella deje que me pusiera moñitos en mi cabeza. Mamá me dejó llevar un juguete a la cita. Lo llevamos a un lago hermoso al sur de la Ciudad de México.  Él había volado por varias horas para vernos. Me trajo a mi mejor amiga, una vaca blanca y negra. La había comprado pensando en mí, aunque solo me había visto por la pantalla de una computadora.

¡Sus ojos me impactaron, eran más azules en persona que en la pantalla!. Cuando veía sus labios no entendía todo lo que decía, excepto cuando decía mi nombre o el de mamá. Le dejé que me abrazara, no sentí ganas ni de morderlo o de salir corriendo, lo dejé que caminara conmigo. Olía bien, pero lo mejor de todo, quería a mamá y a abuelita.

Nuestro primer encuentro marcó nuestra relación, que con los años se ha hecho aún más estrecha. Ahora él me cuida cuando mamá viaja, me prepara mi comida y me lleva al doctor. Me carga para subir o bajar de dónde quiero. ¡Él es mi papá y no pude encontrar uno mejor!.

Pero no me consiente, he de decir que mis relaciones son bastante diferenciadas. Mamá es mucho más suave con nosotros, me deja caminar al paso que yo quiero, me deja oler todo cuanto quiero, y me deja comer lo que yo quiero. Pero papá… con él no se juega. De modo firme me indica que ya es hora de volver a casa, y que con la comida no se juega. No es que extrañe cuando mamá no está, porque él nos cuida a todos, y de no ser por eso, seguro comeríamos zanahorias y veríamos la tele todo el día, pero la vida es mucho más que eso.
La vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Y mientras eso pasa, se conocen personas, y  algunas de ellas se quedan  para ser parte de cada uno de nuestros días. Sea por casualidad, por probabilidad o causalidad.  Uno nunca sabe que va a suceder mañana. Pero cuando las personas tienen lindos ojos, nos cuidan y hacen reír a mamá… se vuelven especiales.

Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco del trabajo de mamá en:  http://www.almadzib.com
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